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Arianna Tanca

Coordinadora Local Estudiantes por la Libertad Ecuador

 
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En contra de la guerra de la prohibición de las personas.

La migración se ha vuelto un tema controversial, tal como lo fue el alcohol en la década de 1920, aquella época que se la suele recordar como la era de oro de los gángsters. Por un momento, recuerden lo que hacía Don Vito Corleone con el contrabando de alcohol durante la prohibición del mismo. Pues, hoy en día, se le ha declarado una guerra a la movilidad humana, y la “mercancía” prohibida ahora son las personas.

   Las regulaciones anti-inmigrantes equivalen al proteccionismo comercial pero aplicado a las personas. Este tipo de leyes son un “blindaje” en contra de humanos, y por ende, son el más tribal de todos. Las políticas migratorias estrictas son un obstáculo al libre comercio, que incluye también al libre intercambio de capital y de trabajo. No se trata de “comercializar” trabajadores, sino de brindarle empleo a quién lo necesita, y los Estados impiden que esto pase. Recordemos también que si una de las preocupaciones mundiales es la pobreza, ¿por qué habría que negarles la entrada a un país rico a personas que vienen de países pobres a buscar oportunidades? Un haitiano podría ganar 2200 veces más en EE.UU. que en su país natal. Entonces, al entorpecer la libre contratación, también se evita que mucha gente salga de la pobreza.

   Ahora, ¿cuáles son los argumentos utilizados para justificar las regulaciones migratorias? Se suele pensar que los “aliens” se roban el trabajo de los locales. Sin embargo, el mercado laboral no es una suma cero. No hay un número preestablecido de plazas de trabajo en el mercado, sino que éste se ajusta de acuerdo a la oferta y la demanda. Si no veamos como el aumento de la participación de las mujeres en la fuerza laboral durante los últimos 60 años no provocó el desempleo masculino; la economía se adaptó a la creciente oferta, y se crearon nuevas oportunidades. En este sentido, así como las mujeres no le quitaron el empleo a los hombres, los inmigrantes no reemplazan a los nativos en sus ocupaciones. La inmigración crea puestos de trabajo que no existirían de otra manera.

   El otro argumento común en contra de liberar las fronteras, es la seguridad nacional. Esto se ha convertido en un estigma en contra de la libre migración; uno que muchas veces no se basa más que en prejuicios y propaganda. Por ejemplo, previo a la ley seca de EEUU de 1920, la mayor preocupación era que los borrachos fuesen a apoderarse de las calles de las ciudades, y que eso aumentaría la inseguridad. Esa ley fue un error y los datos lo demuestran. No solo que aumentó la violencia, sino que ésta se concentró en el crimen organizado resultante de la prohibición.

   Y es que el contrabando es la respuesta natural ante las restricciones. Esto benefició a El Padrino en el pasado y hoy en día beneficia a los nuevos “padrinos”: los coyoteros. Ellos ofrecen la escalera al cielo, pero a un precio muy alto, pues nada es gratis. Muchas personas en su desesperación por mejorar su condición de vida, pagan por sus servicios, y muchas veces no tienen un final feliz. Se han reportado fraudes, muertes, violaciones a mujeres e incluso tráfico humano. Pasan por todo esto porque quieren tener un mejor futuro y un Estado no les permite su entrada[*]. La sociedad no puede ser un experimento de los burócratas. No podemos permitir que el siglo XXI se convierta en la época dorada de los coyoteros, gracias a que a los legisladores se les olvida constantemente que la conducta humana no se puede modificar por decreto. Si las personas quieren migrar, lo harán, sin importar la legalidad ni el costo del asunto.

   Y restringir el libre movimiento de las personas no solo atenta contra el derecho más fundamental de todos, la libertad, sino que también es inhumano. ¿Por qué un Estado tiene la potestad de decidir quién es lo suficientemente bueno para ser parte de una sociedad? ¿Desde cuando el Estado es métrica de moralidad? Recordemos que hace tan sólo un par de décadas, el color de piel de una persona definía sus derechos.

   Pero en el fondo de todo, recordemos que lo que en realidad sostiene a las restricciones -de cualquier tipo- es el miedo a la libertad, no contra los inmigrantes o el alcohol. Una vez que perdemos la libertad, es muy difícil recuperarla, e incluso, nos olvidamos cómo funcionaría el mundo con ella. Mi propuesta es que debemos aprender del pasado, y mirar al futuro con una nueva perspectiva en torno a la migración con el objetivo de flexibilizarla por completo. Tenemos que darle una oportunidad a la libertad si queremos un mundo de paz. Al final, Ludwig von Mises tenía razón:

Sin el restablecimiento de la libertad de la migración en todo el mundo, no puede haber una paz duradera”.


[*] Recomiendo ver el reportaje que Humans of New York hace sobre este tema.

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Este artículo expresa únicamente la opinión del autor y no necesariamente la de la organización en su totalidad. Students For Liberty está comprometida con facilitar un diálogo amplio por la libertad, representando opiniones diversas. Si eres un estudiante interesado en presentar tu perspectiva en este blog, escríbele a la Editora en Jefe, de EsLibertad, Alejandra González, a [email protected].

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