Un tributo al pueblo polaco

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Lawrence W. Reed

Artículo publicado originalmente en FEE.org con el título Ancient Greece’s Legacy for Liberty… Traducido al español por José Francisco Ponce.
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tributo pueblo polaco

La causa por la libertad tuvo altos memorables y bajos desmesurados en 1989. Seguramente, aquel año será recordado como el año en el que la hegemonía soviética sobre Europa Central se desintegró, cimentando el camino para la disolución de la Unión Soviética en 1991. Las personas libres de todo el mundo deben brindar por la gente valiente de una nación en particular –Polonia– por el rol esencial que tuvieron en esos trascendentales eventos.

   En el otoño de 1989, unos cuantos días luego de la caída del muro de Berlín, visité a unos amigos en Varsovia y Cracovia para celebrar. La Revolución de Terciopelo estaba en marcha en el vecino país de Checoslovaquia. Hungría había abierto sus puertas a Occidente pocas semanas atrás. El megalómano rumano, Nicolai Ceausescu, sería fusilado durante la Navidad. Pero Polonia había liderado el camino.

   Fue el 4 de junio de 1989, mientras tanques del gobierno chino abatían un levantamiento masivo en la Plaza de Tinananmén, cuando Polonia conmocionó al mundo al tener las primeras elecciones libres en la Europa comunista. Activistas anticomunistas (y en muchos casos, también antisocialistas) sorprendieron incluso a los propios polacos con su demostración. Obtuvieron 99 de 100 puestos en el senado, y cada uno de los 161 puestos en la cámara baja del parlamento que el régimen permitió que fuesen disputados. Estos resultados aseguraron que el impulso por libertad a través del imperio soviético se expandiera hasta el punto que lograse tumbar dictadores y partidos desde Berlín oriental hasta Ulan Bator.

   A comienzos del año, el líder comunista polaco, el Gral. Wojciech Jaruzelski, había acordado con la organización prohibida, Solidaridad, de Lech Walesa, legalizar los grupos políticos suprimidos y planificar elecciones para el 4 de junio. No tenía muchas opciones. Polonia -declaró- se había tornado “ingobernable”. Yo sabía exactamente a lo que él se refería porque lo había presenciado por mi cuenta en noviembre de 1986, mientras viví durante diez días con miembros clandestinos de Solidaridad y un grupo de jóvenes llamado Libertad y Paz.

Los Portadores de Antorchas

Lech Walesa, líder de Solidaridad y ex-presidente de Polonia, en 1989

Lech Walesa, líder de Solidaridad y ex-presidente de Polonia, en 1989.

La historia de Polonia desde la imposición de la ley marcial y el abatimiento de Solidaridad en diciembre de 1981 hasta las gloriosas elecciones de 1989 no representan la saga de gente pesimista, derrotada, y obediente. Al contrario, son la palpable evidencia de la intrínseca voluntad humana de ser libre. Mientras que la constelación de líderes fuertes en Gran Bretaña, Estados Unidos, y el Vaticano (Thatcher, Reagan, y Juan Pablo II) ayudó inmensamente a la desintegración del proceso comunista, esos mismos líderes con justo derecho y en repetidas ocasiones aplaudieron el espíritu desafiante de los polacos. “El pueblo polaco”-declaró Reagan- “nos está dando un perpetuo ejemplo de coraje y devoción a los valores de libertad en cara a la implacable oposición… La antorcha de libertad está ardiendo. Calienta a aquellos que la llevan en alto. Quema a aquellos que intentan extinguirla.

   Uno de los grandes intelectuales polacos de la libertad, Leszek Kolakowski, murió en julio del 2008, a la edad de 81 años. Kolakowski etiquetó al marxismo como “la más grande fantasía de nuestro siglo”, y consideraba la brutalidad totalitaria como el producto inevitable de la concentración de poder. En el 2004 le dijo al New York Times que, “Esta ideología se suponía que moldearía el pensamiento de la gente, pero en cierto momento se volvió tan débil y ridícula que nadie creía en ella, ni los gobernados ni los gobernantes.

   Durante mi visita en 1986, aprendí que luego de cinco años de la fuerte resquebrajadura del régimen, los polacos estaban evadiendo y tejiendo alrededor del régimen de Jaruzelski en formas que casi desafiaban la imaginación. La escasez de alimentos básicos, inflación de dos dígitos, y una poderosa policía secreta no los disuadían de crear prósperos mercados negros y florecientes instituciones privadas, de estaciones de radio a teatros, hasta editoriales y escuelas. Wiktor Kulerski de Solidaridad había bosquejado la resistencia polaca unos años atrás cuando escribió, “este movimiento debería crear una situación en la cual las autoridades controlarán las perchas vacías, pero no el mercado; el empleo de los trabajadores, pero no sus vidas; la prensa oficial, pero no la circulación de la información; las imprentas, pero no el movimiento de publicación; el correo y los teléfonos, pero no la comunicación; y el sistema escolar, pero no la educación.

   Treinta y ocho millones de polacos estaban hartos del Estado. Sabían de la dolorosa experiencia que, en palabras del disidente Stefan Kisielewski (quien fue arrestado y golpeado por decirlo), “socialismo es estupidez”. Ya habían tenido suficiente de él.

Lloyd de Varsovia

En una cena que me organizaron secretamente varios miembros de la prensa encubierta en Cracovia, fui deslumbrado por el alcance de lo que mis anfitriones llamaban “empresas de publicación independiente”. Habían traducido e impreso trabajos “subversivos” de Alexander Solzhenitsyn, George Orwell, e incluso Murray Rothbard y Ayn Rand.

   “¿De dónde obtienen el papel para imprimir todo esto?”, pregunté. Un joven polaco llamado Pawel me respondió, “Lo conseguimos de dos maneras: lo traemos de contrabando desde occidente, y se lo robamos a los comunistas.” Pawel explicó que los trabajadores en las imprentas del gobierno que simpatizaban con la resistencia solían donarles papel clandestinamente. Cuando no había moros en la costa, incluso imprimían material ilegal en las mismas imprentas del gobierno. Cuando el gobierno montó una campaña para confiscar los carros de los distribuidores, las imprentas ilegales formaron su propia compañía de seguro (la llamaron “Lloyd de Varsovia”) para cubrir los costos de confiscación de sus carros, papel, y materiales.

   Les pregunté a mis anfitriones de qué manera podría ayudarlos. Resultaba que ellos ya tenían un requerimiento en especial para mí. Si les recaudaba $5,000 y luego lo entregaba a sus aliados migrantes en París, eventualmente tendrían recursos para traducir al polaco e imprimir varios miles de copias del clásico Libre Para Elegir de Milton y Rose Friedman. Entre mis más preciadas posesiones está una copia de ese libro, firmado por el activista Wojciech Modelski con estas palabras: “¡Gracias, Larry! Sin tu ayuda no nos hubiera sido posible publicar este libro.

   Pero por sobre todo, mi historia favorita de esa visita involucra a una pareja muy valiente, Zbigniew y Sofia Romaszewski. Apenas habían sido liberados de prisión por dirigir una estación de radio encubierta. “¿Cómo sabían si la gente los escuchaba cuando transmitían?”, pregunté. Sofía contestó, “Sólo podíamos transmitir de ocho a diez minutos al mismo tiempo antes de movernos a otro lugar para estar siempre a un paso delante de la policía. Una noche le pedimos a la gente que parpadeasen sus luces si creían en la libertad para Polonia. Luego nos asomamos a la ventana y durante horas, toda Varsovia estuvo parpadeando.

   Zbigniew Romaszewski ganó la elección al parlamento polaco en aquellos sufragios de 1989 y hoy en día es miembro del senado. Jan Rokita, un líder de Libertad y Paz y mi escolta principal hasta que fui arrestado, inspeccionado al desnudo y deportado, fue electo a la cámara baja en 1989 y sirvió en el cargo hasta que se jubiló en el 2007. Entre las organizaciones polacas amantes de la libertad de hoy, se encuentran la Fundación Polaco-Americana para la Investigación y Educación Económica, la cual regularmente republica artículos de esta revista (The Freeman).

   A todos esos millones de polacos que lucharon por la libertad y destrozaron el comunismo hace más de veinte años, gracias por su coraje, su perseverancia, su visión, y su ejemplo.

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Este artículo expresa únicamente la opinión del autor y no necesariamente la de la organización en su totalidad. Students For Liberty está comprometida con facilitar un diálogo amplio por la libertad, representando opiniones diversas. Si eres un estudiante interesado en presentar tu perspectiva en este blog, escríbele a la Editora en Jefe, de EsLibertad, Alejandra González, a [email protected]

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